viernes, 21 de septiembre de 2012


Esta historia comienza con una duda,
una duda de esas existenciales,
que para un joven de 20 años,
que vive en democracia,
puede ser algo indecifrable.
¿Dios patria o muerte si o no?
Corría el año 85 y la colimba existía,
y yo estaba condenado a hacerla.
En dos años había leído,
más de cien libros completos,
buscando una respuesta.
Los vestigios de la guerra del 82,
me planteaban también,"matarás".
Mientras más lo pensaba,
más me venía a la mente,
"he pecado mucho,de pensamiento,
palabra,obra u omisión".
Y el de pensamiento me pesaba,
toda vez que elegía decir si.
Por eso esta historia,
no distingue entre realidad,y pensamientos.
Va a haber de seguro ambas cosas.
Intenta ser ante todo,
sensacionalista,existencialista,
rigurosamente vívida,
porque pretendo transmitir,
algo más que una historia,
algo más que una simple narración;
pretendo transmitir la experiencia,
del ser,por el mero hecho de ser,
del yo frente al abismo de no ser,
del yo frente a el peso de ser.
Es la historia también,
de la humildad del yo,
frente a las órdenes de la historia.
De la humildad del yo frente al órden.
De la sensación de pequeñez,
frente al universo de lo inesperado.
Comencemos entonces por el principio.
Que fué cuando recibí,
por primera vez,el fusil cargado.
La órden fué pedir parte al "cabo de cuarto",
ante cualquier irregularidad,
y antes de hacer absolutamente nada.
No demoré en autodefinirme como un getón.
Eso es lo que era,lo que debía ser.
Y lo hice a pié juntillas.
Pero un tiempo después,
me asignaron un puesto de guardia,
retirado de la guardia principal.
La órden ya no era la misma,
había que matar al que cruzara la cerca.
el primer puesto era una entrada,
como a setenta metros estaba la guardia,
y como a otros setenta estaba yo.
Entre la guardia y yo había una entrada,
que nadie usaba para entrar,
y por lo tanto estaba tranquilo.
Hasta que esa noche ,cerca de las dos de la mañana,
alguien en una moto abrió el portón e ingresó.
La moto no era verde y él estaba de civil.
La órden era clara y cargué el fusil,
ya me sentía un asesino,
y la culpa me movía los piés hacia él,
como tratando de revertir la situación;
creo que en el fondo quería impresionarlo,
para que retrocediera afuera,
y no verme obligado a jalar el gatillo.
Grité lo más fuerte que pude,
alto o disparo,alto o disparo;
Largó la moto y comenzó a gritar,
no me disparés soldado,
no me disparés soldado.
Afortunadamente el alboroto,
hizo salir al sargento de guardia,
el que mandó a un cabo,
a arrestar al intruso.
Finalmente yo fuí condenado,
a ir a buscar el mate cocido a la cocina.
Cuando dejé el fusil en la guardia,
sentí que dejaba mi novia.
Que le había sido infiel.
Que en síntesis le entraron a mi novia,
porque yo le dí la oportunidad.
Me sentía el peor del grado.
Aunque todavía temblaba de miedo,
me prometí no volver a ser cobarde.
Aunque no tenía la respuesta,
que tanto buscaba todavía,
me dije a mí mismo,
que los que dan las órdenes,
seguramente ya la tenían.
Asi que pronto pensé,
que seguro ellos no permitirían,
que le entraran a su novia por omisos.
¿que me diría ella entonces?
me violaron porque me dejaste sola,
no,no,no quiero eso para mí,
me respondí inmediatamente.
Cuando tomé el fusil nuevamente,
me dije,no va a volver a suceder,
como tratando de que me escuchara mi novia.
Si nos vamos nos vamos juntos.
Encendí una pequeña radio,
que colocaba bajo el elástico del casco,
y bailé moderadamente hasta que empezaron las noticias.
Fué entonces que comencé a escuchar distinto.
Un crimen era no dejó que le entraran a ella,
una violación ,un cobarde,
un robo algo peor que una violación,
directamente era un secuestro,
se la agarraron para ellos.
Por eso con cada robo,
sentía que me mataban,
porque mi novia era el fusil.
La radio ya me tenía cocinada la cabeza.
Los cigarrillos ya me dejaban sin aliento.
Ya la peor puteada que se me ocurría,
era siempre chorro,
que era sinónimo de máximo abusador.
Esa noche el sargento me dijo hay problemas,
por ningun motivo deje su puesto,
dispare a cualquiera que no sea de la guardia,
y que ande dando vualtas;o cruce la cerca,
nadie le puede dar órdenes excepto yo,
o el oficial de guardia.
Pasó un auto disparando por todo el frente,
yo me clavé en el suelo,
cargué el fusil y los apunté,
hasta que desaparecieron.
El sargento me condenó a buscar el mate cocido,
pero esta vez eso me tranquilizó un poco,
porque así pude ver a toda la guardia.
Con las órdenes que tenía debía estar seguro.
Me mandó un rato al puesto de atrás,
con un cabo,para descansar.
Allí había un torreón,
desde donde se podía mirar a una villa,
que estaba detras del cuartel,
y hacia delante hasta las construcciones.
Desde allí cualquiera era un blanco fácil.
Faltando una hora para que terminara mi turno,
lo llamaron al cabo a la guardia,
y me quedé solo en el torreón.
Prendí la radio y escuché las noticias,
hasta pasada una hora y media.
Ya mi turno había acabado.
dejé el fusil a un lado,
me saqué el casco y los cargadores de la cintura,
y comencé a mirar el movimiento de la mañana,
hasta que por fin el sargento llamó,
entonces me fuí fumando hasta la guardia,
me mandó a cambiarme y a formar.
Una vez formados en escuadra,
nos presentaron al nuevo Jefe del cuartel,
había muchas caras nuevas,
nombraron a los que ya les tocaba la baja,
y yo no estaba en la lista,
preguntaron uno por uno por oficios,
y me enrolé en las oficinas como dibujante,
el sargento trabajaba conmigo como maquinista.
Pronto nos tuvieron confianza,
y nos devolvieron nuestros puestos de guardia nocturna.
Las órdenes volvieron a ser,
no hacer nada si no lo ordenaba el sargento,
o el oficial de  guardia.
Ante la duda pedir parte y preguntar.
Me fuí en la última baja.
Vencido,sin haber tenido oportunidad.
Sólo recordaba que todo fué muy rápido.
Cuando dejé el fusil por última vez,
sentí que le había sido infiel,
como si mi novia se hubiese ido con otro,
porque yo no le presté atención.
Poco tiempo después que me fuí,
desmantelaron el cuartel.
Sentí como si mi novia se hubiese marchado.
Nunca me acostumbré a la libertad,
todavía me molestan los informativos,
es que ya no entiendo nada,
me quedé como esperando que vuelva mi novia,
que me dejó para siempre.
Pensé que algo cambiaría pero no.
Creo que nada me movió tanto,
como haber tenido novia,
pero me quedó el sabor amargo,
de la certeza que ya no habrá otra.
Desde entonces busco algo,
que me haga vibrar ,que me mueva,
que ahogue mis suposiciones,
y me muestre la verdad,
que me haga sentir Dios un rato,
y luego me recuerde mi lugar.
Pero no creo que ocurra jamás de nuevo.
De cualquier manera Gracias,
al Batallón de Comunicaciones de Comando 141.